
David Uclés
Con La península de las casas vacías, David Uclés consagra lo que muchos califican ya como una de las obras más interesantes de la narrativa española reciente, tanto por ambición como por ejecución. Tras quince años de trabajo, manuscritos rechazos editoriales y un extenso proceso de documentación —incluyendo un viaje por toda la península ibérica— Uclés logra tejer un relato coral sobre la Guerra Civil que combina lo histórico, lo mítico y lo íntimo.
La novela no se limita a un episodio local, ni siquiera a lo estrictamente biográfico. Con un plantel de unos cuarenta personajes principales, Uclés logra dar una visión casi panorámica de la guerra: no solo los combates, sino cómo esta sacude familias, pueblos, creencias, y cómo permea la memoria colectiva.
Se agradece que este recurso se distribuya con mesura, de modo que no opaque lo histórico, sino que lo complemente. Los elementos mágicos no se sienten gratuitos: contribuyen a expresar lo inefable, lo traumático, lo mítico que ronda detrás de los hechos. Esa capacidad de hacer convivir lo brutal con lo fantástico en una misma ambientación refuerza la dimensión emocional de la novela.
Uclés se mueve con soltura entre diferentes tonos: lo cotidiano, lo poético, lo épico, lo grotesco. Su escritura combina imágenes muy poderosas con momentos de ironía, con cambios de ritmo que ayudan a sostener el interés a lo largo de muchas páginas. Hay pasajes costumbristas muy vivos, dialogados con acierto; otros más líricos; otros más densos, donde la descripción pesa pero también conmueve.
Uno de los méritos mayores de la novela es cómo rescata la complejidad del pasado español: no solo los bandos en conflicto, sino los grises morales, los silencios, las heridas que persisten. Uclés declara la intención de no caer en simplificaciones y eso se nota: aunque hay posicionamiento, perversidades evidentes, no se reduce la guerra a un blanco y negro simple. Esa honestidad (aunque no neutralidad) da fuerza al relato.
Con cerca de 700 páginas, gran cantidad de personajes y múltiples hilos narrativos, la novela exige paciencia. Algunos pasajes son extensos, descriptivos, o transiciones que podrían sentirse lentas para ciertos lectores.
No todo avanza de manera estrictamente cronológica o con claridad de foco entre personajes. Si bien esto tiene un valor estético y simbólico, también puede desconcertar al lector que prefiera una línea narrativa más clara o menos coral. Algunos nombres, historias o episodios secundarios que parecen menos útiles para el hilo central podrían considerarse prescindibles.
A pesar del esfuerzo por presentar los «grises», hay momentos en los que ciertos personajes, instituciones (como la Iglesia) o bandos aparecen con menos matices, lo que puede parecer excesivo o incluso tópico en algunos pasajes.
La península de las casas vacías es una novela que exige del lector pero lo satisface. Aporta una voz nueva en cuanto a la forma de narrar la guerra civil española: con amplitud, con fantasía, con dolor, con orgullo y con interrogantes. Es una obra ambiciosa que no huye de contradicciones, que no trata de consolar sino de hacer recordar, de hacer sentir, de convocar la memoria. Para quienes disfrutan de novelas profundas, con riesgo formal, y con voluntad de ser testimonio y poema al mismo tiempo, esta novela de Uclés es una cita imprescindible.
Firmado: Clara Montes


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