
La astróloga y tarotista coruñesa nos habla de su novela «El eterno retorno de Laura»
Nazaret Hermida nos habla de su primera novela que navega entre el misticismo, la astrología y la literatura. La autora nos revela cómo su visión del tarot y los ciclos vitales se entrelazan en un viaje que busca la trascendencia en el acto de la escritura.
-Háblanos un poco de ti, para los lectores que no te conozcan.
-Soy Nazaret Hermida y creo que mi misión en esta vida es ser una especie de ángel, una voluntaria de la luz en este mundo lleno de sombras y manipulaciones donde entrever la verdad se vuelve un camino arduo. Mi vocación es comunicar y transformar vidas. He tenido el privilegio de participar en grandes medios de comunicación como Telecinco o Revista Semana y, aunque, también filosofía y derecho, no terminé esas carreras porque sentí que mi verdadero camino estaba en otra dirección: la investigación en el terreno esotérico y metafísico (la astrología y los ángeles, así como la escritura), ámbitos a los que he dedicado toda mi vida.
-¿Qué te atrajo hacia la astrología?
-Como persona muy estudiosa y racional, jamás imaginé que acabaría entregada a la astrología. Lo que me sedujo fue la evidencia: comprobé que funciona con la precisión de un reloj una y otra vez, una y otra vez. Durante más de veinte años he visto cumplirse predicciones sorprendentes: desde revoluciones sociales con fechas concretas hasta resultados electorales anticipados con claridad. Conocer esa «matemática del universo» y verla reflejada en las noticias me dio una mezcla de poder interior y sentido de propósito. A los 18 años viví una experiencia decisiva: vi la luz y recibí mensajes del «otro lado». Fue un antes y un después. Desde que conozco la astrología con 15 años y desde que vi la luz con 18, sigo una doble luz: la de la astrología-una ciencia que estudia la luz precisamente- y la de aquella vivencia espiritual que me marcó para siempre.
-Hablamos de tu novela «El eterno retorno de Laura».
-«El eterno retorno de Laura» es una novela con tanta luz que algunos quizás querrían prohibirla. No sería la primera vez que se intenta frenar el avance espiritual de la humanidad. Quise escribir una obra profética: la inicié en Kiev en 2017 con la intuición de que ahí estallaría una guerra que alcanzaría a Europa, y busqué espejarla con la Segunda Guerra Mundial. Viajé a Kiev y a Berlín para escuchar los silencios de la historia. Luego el propio eterno retorno me tocó: tardé ocho años en terminarla. La novela cuenta la historia de una mujer que habla con ángeles. Esos mensajes son radicalmente verdaderos y trascendentes: iluminan la trama y, sobre todo, al lector. Laura atraviesa la confusión del eterno retorno de su karma de otras vidas, pero también el llamado a un despertar. Quise que la narración fuera un puente entre historia y espíritu: una luz incómoda, si, necesaria. Si un libro puede encender consciencia, éste intenta hacerlo: recordar que incluso en medio de la guerra interior o exterior, hay voces que nos devuelve al sentido.
-¿Cómo se traduce tu conocimiento de la astrología y el tarot en la construcción de personajes y tramas?
-En esta novela, en concreto, me han servido para pensar en la responsabilidad, el libre albedrío y los límites: qué hacemos con lo que sabemos, cuánto sabemos, a quién puede dañar, cómo se manipula una creencia y cómo hay heridas que no se reparan. La astrología y el tarot son herramientas milenarias que funcionan de verdad, el grave problema es la falta de conocimiento del 90 por ciento de los que usan por la falta de una regulación seria en el sector donde el índice de criminalidad es muy elevado, es algo similar a la prostitución. En la trama, esa mirada ordena ciclos-tentación, daño-y permite mostrar la maldad y la estafa no son trucos, sino decisiones que cruzan líneas éticas.
-¿Encuentras en los arquetipos del tarot o en las casas astrales una guía para desarrollar la psicología de tus protagonistas?
-Cuando pienso en la señora Mabel o en Samael, dos personajes de la historia, pienso en los escorpiones que drenan la energía y atacan cuando menos lo esperas o en los instintos, también en cómo ello actúa a través de la proyección con el personaje de Jesús, que revela la voluntad de poder (aries) en la novela. Y cuando pensaba en la protagonista principal que es Laura, si pensaba en la búsqueda de unión y de fusión con la vida y en la libido universal de nuestra existencia en un aspecto místico (piscis), en la fusión con lo trascendente… Eso está ahí, como algo intrínseco, pero quienes han marcado la pauta de esta novela en su mayor parte han sido los mensajes o revelaciones de los ángeles con los que Laura conversa y que son su único apoyo en el mundo.
-¿Qué desafíos y oportunidades surgen al intentar integrar conceptos espirituales y místicos en la narrativa de una novela, manteniendo el interés del lector que quizás no esté familiarizado con estos temas?
-Cuando introduzco lo espiritual lo trato con el rigor de la ciencia ficción: establezco reglas de mundo, límite y consecuencia. ¿Cómo narrar hoy las verdaderas revelaciones de los ángeles sino es así, cómo un fenómeno extraordinario observado con método narrativo? No te pido fe: Muestro efectos. Si hay revelación deja huellas en la conducta, en el rumbo de los hechos y en el mundo.
-¿Qué papel juega la intuición en tu escritura? ¿Confías más en la estructura y el plan o te dejas llevar por lo que la historia te pide en cada momento?
-La intuición fue el fósforo que encendió este libro. Un pálpito muy claro me llevó a Kiev en agosto de 2017 para inspirarme y, después, a Berlín. Ese impulso inicial, que podía llamarse una intuición muy razonada, fue decisivo: abrió la puerta. Pero con los meses-y los años-la novela empezó a moverse con vida propia. Los personajes, el peso del karma y las circunstancias históricas alteraron el rumbo que yo había previsto. Trabajo con estructura flexible: diseño un mapa, pero acepto desviaciones cuando la lógica interna de la historia y las propias circunstancias lo exigen, aunque antes no me gustaba la idea. Es un diálogo constante entre intuición y plan. Si hay conflicto, por duro que parezca, gana el peso de la historia. La intuición me indica dónde mirar; la estructura garantiza coherencia. Al final, la novela me dijo lo que quería ser y yo tuve que escuchar humildemente.
-¿Qué mensaje o experiencia esperas que el lector se lleve después de cerrar el libro?
-Quiero que el lector se pregunte quién es y cuál es el sentido de la existencia. También me gustaría inspirar el porqué suceden las cosas, el origen emocional y el cómo los traumas de la infancia emergen en nuestro destino tanto a nivel individual como a nivel colectivo. Quiero que el lector se pregunte ¿de veras existen los ángeles? Si el libro logra suspender el cinismo por un instante, recordar una herida antigua y elegir una respuesta o, al menos, una pregunta más consciente a la superficialidad en la que nos vemos envueltos en la era moderna, entonces habrá cumplido su propósito.

-¿Veremos más obras tuyas que exploren la intersección entre la literatura y el esoterismo?
-Sí. Seguiré profundizando en la novela y en la comunicación con los ángeles, así que como la novela y ensayo en relación con el mundo astrológico y esotérico. Esa intersección entre la literatura y esoterismo, contada con ética y rigor, es el lugar donde siento verdad y comodidad. Y cuando hay verdad y algo auténtico, su peso acompaña. Mi plan es escribir nuevas ficciones que exploren revelaciones y su aterrizaje en la vida cotidiana-creeme-, tiene un potencial narrativo enorme-, y piezas breves/ensayísticas para quien quiera herramienta sin perder el pulso literario. No pretendo aleccionar: quiero encender preguntas y que luz que veo deje una huella en la historia.
-¿Qué libros hay en tu mesita de noche? ¿Puedes dejarnos alguna recomendación para acabar?
-En mi mesita de noche tengo «Crimen y castigo», de Fiódor Dostoyevski-lo empecé y voy despacio- y «El arte de la guerra» de Tzun Sun, que reeleo a saltos porque en el caos también hay estrategia y ética. El último Dostoyevski que devoré en un solo día fue «noches blancas»: es breve, pero me pareció una obra maestra. Para cerrar una recomendación que también me cautivó y me leí en pocos días: «Sentido y sensibilidad » de Jane Austen. Es un clásico bien escrito que pone nombre-sin sermonear-al lugar donde corazón y cabeza negocia quiénes somos.
Firmado: Bruno Serra

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